3 Cosas que están mal con los políticos en México

por Marcos Liath

Hoy tuve el privilegio de ir a comer con un viejo amigo del colegio, fue más una clase que una charla informal donde cada quien se pone al corriente en la vida del otro.

Mi clase fue de política, en especial de los principales errores con los que vivimos aquí en México.

Quise hacer un resumen de lo que aprendí hoy porque creo que es en extremo importante que aprendas lo mismo que yo:

Mi amigo, entre mordida y mordida de su grasosa hamburguesa, hablaba del mundo como si lo conociera desde hace miles de años, como si supiera a la perfección lo que está bien y lo que está mal. Fue como hablar con esos seres de películas a los que puedes consultar para saber el futuro o pedirles un consejo sabiendo que siempre estarán en lo correcto.

“La clase política representa a una minoría de la población” me dijo con tono profético, al no entender a qué se refería le pedí que me explique: “Sí, la gran mayoría de las personas del gobierno son o abogados o personas que estudiaron algo relacionado a negocios y administración, no hay médicos, científicos, filósofos, psicólogos ni siquiera hay tantos ingenieros como debería”.

Punto a favor; hemos llegado a pensar que solo por hablar de la constitución, de leyes y de términos jurídicos, los únicos con la “capacidad” para entenderlo son aquellos que lo estudiaron, pero la política va muchísimo más allá de términos confusos y oratorias enredadas, la política abarca absolutamente todos los aspectos de la vida porque precisamente se trata de poner orden a las sociedades, donde la vida tiene lugar. Tener solo a una minoría que ve la realidad de la vida desde ojos muy limitados nos condena a estar en caos en áreas donde estos señores no conocen, tal como la catástrofe ecológica, el caos vial, la falta de agua en la ciudad, la pésima educación mexicana y por último y más importante; la diversidad de ideales.

La comida iba desapareciendo mientras el tiempo disfrutaba de nuestra conversación, después de unos segundos del más puro silencio se rascó la cabeza, me miró a los ojos y dijo; “sabes, me di cuenta de algo. En México ningún, literalmente, ¡ningún! partido político tiene ideales; el PAN quiere elevar el salario mínimo, el PRD quiere reducir los impuestos (yo pensé; el PRI solo quiere seguir gobernando) y esos no son ideales”.

Yo, a mi ingenua edad de 25 he llegado a entender que las cosas bien hechas se logran con pasión, lo demás es mediocre y gris, y si hablamos de partidos políticos, encargados ellos de sentar las normas y la manera en la que la gente puede llevar a cabo su vida, entonces estamos hablando de una política mediocre y gris, sin ideales ni pasión, una sociedad triste reflejo de la poca identidad de sus “representantes” y de la poca energía con la que ellos, estando en el poder, pueden mejorar las cosas encaminando a México a algo mayor que habladurías vacías como más salario o menos impuestos.

Fue un comentario atinado; me hizo soñar y proyectar en los dos oficinistas de la mesa de junto un escenario paralelo; imagine que eran dos senadores, hablando con una pasión solo vista en el futbol, uno diciéndole al otro “hay que echarle la mano a los que están proponiendo poner una sala de cine al aire libre en el zócalo” el otro, aunque feliz con la idea, prefiere más becas al extranjero para investigación de otros modelos educativos.

Es de esperarse que con poca diversidad de intereses en el gobierno, teniendo la mayoría los mismos gustos y la misma formación profesional, la política como un todo carezca de ideales.

Las diferencias crean opciones, te hacen defender tu punto de vista, tu razón de porqué esto y no aquello y: como del debate surge la pasión, da como resultado un abanico de propuestas muy diferentes, ya no centradas exclusivamente en temas de finanzas, administración o derecho.

Después de las dos horas en el restaurante de comida rápida, terminó por recordarme algo que siempre me ha intentado dejar bien en claro “Los políticos en México son malos egoístas”, mi amigo ni se molesta en tocar el tema del egoísmo, la arrogancia y el cinismo, él lo entiende como un hecho pactado en piedra, un dato vergonzoso pero real.

Argumentó del mal egoísmo mexicano poniendo un pequeño y muy claro ejemplo: “En Estados Unidos roban igual o más que aquí, la diferencia es que allá la gente sí paga impuestos porque el gobierno sí construye calles y parques, y a su vez ellos, que ya robaron, tienen buenas calles, buenos parques donde su calidad de vida mejora, y además, como construyeron y demostraron capacidad, en el futuro les dan más obras y así pueden seguir robando. En México un presidente municipal dice “construyo un centro cultural y ya la hice”, robando solo lo de esa obra, dejando un proyecto por debajo de las expectativas iniciales perdiendo la oportunidad de otros proyectos”.

No digo que ser buenos egoístas es parte de la solución, solamente lo menciono para poner en evidencia la incompetencia de raíz en los políticos mexicanos, esta falta de comprensión al no poder entender que si se trabaja y ayuda como se espera de ti ganas más al largo plazo (robando) en muchas obras que en ese (robo) inmediato de una sola vez.

Sin tener diversidad de personas la política, y todo lo demás, están condenados a tener los mismos intereses, entendiendo al mundo desde los mismos ojos y por ello cometiendo demasiados errores.

Así mismo una falta de diferencias pone a todos en el mismo canal, estando todos de acuerdo o desacuerdo, con una falta de pasión por defender aspectos mayores (filosóficos, éticos, etc.) a los desastrosos detalles (de finanzas, leyes, etc.) donde el único debate y la única confrontación tienen lugar; esto genera la falta de ideales y por eso una falta de identidad. Si cada quien tiene intereses personales, sin un ideal en común, es obvio que cada quien trabaja para él mismo y no le importan los demás, por eso en México tenemos a malos egoístas, en parte por esto México está como está: por poca diversidad de políticos, por falta de ideales y por malos egoístas.

Daban las cuatro de la tarde y yo me tenía que ir, le di un último trago al refresco, tiramos la basura y entre dos manos pegajosas de salsa cátsup dos grandes amigos se despidieron otra vez. Espero algún día regrese a explicarme más.

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